Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio Quiroga

La vida del poeta y escritor uruguayo Horacio Quiroga estuvo marcada por la tragedia. Desde los tres meses de edad en adelante –cuando perdió a su padre al dispararse éste accidentalmente su propia arma-, numerosos hechos trágicos marcan las páginas de su biografía: por ejemplo, el haber matado por accidente a su amigo Federico Ferrando, mientras procuraba auxiliarlo antes de que éste se batiera a duelo (el escritor incluso fue detenido hasta que se comprobó el carácter accidental de la muerte) o el suicidio de su primera esposa, que ingirió veneno luego de una violenta discusión con Quiroga. El escritor debió hacerse cargo de sus pequeños hijos.
En estas circunstancias, Quiroga abandonaría la selva misionera y viviría un tiempo en la ciudad de Buenos Aires. Allí, en 1917, publicó una compilación de cuentos titulada Cuentos de amor de locura y de muerte (aunque parezca mal escrito, el título original no lleva coma). La fascinación del escritor para con la muerte y las enfermedades se reflejan en este volumen, que también marca las influencias de Edgar Allan Poe y de Baudelaire en la prosa de Quiroga.
Los doce Cuentos de amor de locura y de muerte presentan argumentos tétricos y espeluznantes. Los finales felices no aparecen, sino que la tragedia marca la vida de los personajes. Sin embargo, por lo general no se trata de historias de terror sobrenaturales, sino de textos naturalistas: la muerte llega de la forma de una mordedura de serpiente (como en el cuento “A la deriva”), de un parásito de las aves hiperdesarrollado (“El almohadón de plumas”), de implacables hormigas carnívoras (“La miel silvestre”) o del exceso de los rayos de sol (“La insolación”).
Quiroga demuestra en este libro que la selva en la que pasó buena parte de sus días, y a la que amó, no es un jardín del edén sino que también esconde terrores y peligros sin igual.

Opinión personal: Cuentos de amor de locura y de muerte es un libro escalofriante, algunos de sus cuentos son difíciles de olvidar y aterrarán al lector por años. Vale la pena leerlo… si te atreves.

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