El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sachs

Detrás de este llamativo título –que, como lo descubrimos para nuestra sorpresa en el primer capítulo del libro, debe ser tomado en forma absolutamente literal- se esconden una serie de casos que el médico neurólogo Oliver Sachs encontró a lo largo de su carrera. Este médico es también profesor en la Universidad de Columbia, donde enseña neurología, psiquiatría y escritura. En efecto, Sachs además de la medicina disfruta escribiendo y transmitiendo sus experiencias: su libro más famoso posiblemente sea Despertares, que fue llevado al cine con las actuaciones de Robin Williams y Robert De Niro.
En El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, el lector se encuentra con casos atípicos de pacientes que, debido a un trastorno neurológico (producto de un accidente, un tumor cerebral o la degradación propia del Mal de Alzheimer, comienzan a sufrir extrañas transformaciones en su manera de percibir la realidad. En el capítulo que le da el título al libro, el protagonista es un profesor de música que comienza a sufrir una profunda agnosia visual, no siendo capaz de reconocer lo que ve, de distinguir rostros humanos más que por determinadas características muy particulares o de recordar los edificios a la izquierda de la plaza del barrio (aunque sí los de la derecha).
El libro se divide en cuatro secciones, tituladas “pérdidas”, “excesos”, “arrebatos” y “el mundo de los simples”, en cada una de las cuales se encuentran casos de pacientes ligeramente vinculados en cierto aspecto. Pero lo que definitivamente unifica el libro es la visión profundamente humana que ofrece el doctor Sachs, que no se limita a ofrecer un “muestrario de rarezas”, sino que nos narra el sufrimiento de un ser humano y su inmensa fuerza de voluntad para sobreponerse y vivir con su problema de salud.

Opinión personal: Un libro fascinante que nos enseña mucho sobre el cerebro humano, así como la capacidad de las personas para salir adelante pese a todo. Lo bueno de este libro, y uno de los motivos por el cual alguien que –como la que escribe- no sabe nada de medicina puede leerlo igual, es que en ningún momento los síntomas tapan a la persona que los experimenta.

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