El instinto del lenguaje de Steven Pinker

Steven Pinker es un destacado psicólogo experimental, científico cognitivo y autor de libros de divulgación científica para el público en general. Éste es el caso de El instinto del lenguaje, un libro que, si bien puede ocasionar algunas dificultades a los lectores legos, está pensado para que todos puedan entender sus puntos principales, no solamente los estudiantes de lingüística.
La teoría sobre la que se apoya El instinto del lenguaje es que los seres humanos poseemos la capacidad innata de comunicarnos mediante el lenguaje, siendo éste una capacidad adquirida mediante la evolución y privativa de nuestra especie. A lo largo del libro, Pinker discute con teorías populares que señalan que el lenguaje es algo cultural, construido por los seres humanos y que se transmite mediante la enseñanza, la existencia de monos que aprendieron lenguaje de señas, la necesidad de corregir los errores de los niños que están aprendiendo a hablar. Recopila diversas pruebas que demuestran lo contrario.
Comienza desarrollando su hipótesis a partir de los resultados de años de estudios del lenguaje en los niños. Éstos tienen la capacidad de aprender una lengua independientemente de la calidad del estímulo al que se vean expuestos. Además, no es posible “decidir aprender” a hablar; por el contrario, es inevitable.
Pinker también discute que el lenguaje sea producto de la inteligencia humana: numerosos pacientes afásicos –que, no obstante conservar sus facultades mentales intactas, no pueden hilvanar un discurso coherente- le demuestran la disociación entre la facultad del lenguaje y otras facultades mentales. En efecto, Pinker está de acuerdo con la teoría de la modularidad de la mente humana. Es más: para el lenguaje existe un órgano especializado (en realidad, un área del cerebro).
La teoría de Pinker, sin embargo, dista de ser aceptada por el conjunto de especialistas en estudios del lenguaje y la mente. Este libro ha generado más de una polémica y el autor cuenta con numerosos detractores.

Opinión personal: Pinker discute con todos –inclusive con Chomsky, de quien de todas formas se reconoce deudor- y desarrolla su teoría con gran agilidad y un no menos importante sentido del humor, lo que hace muy amena la lectura de tan extenso ensayo.

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