El marino que perdió la gracia del mar de Yukio Mishima

Yukio Mishima es uno de los autores japoneses más conocidos en todo el mundo, no solamente por su obra literaria sino también por su muerte, producto del suicidio ritual conocido como Seppuku o Harakiri. Tres veces nominado al Premio Nobel de Literatura, no llegó a ganarlo, sin embargo. En sus libros, predominan temas como la sexualidad, las transformaciones políticas y la muerte.
El marino que perdió la gracia del mar es una novela dividida en dos partes: el verano y el invierno. El verano trae consigo a Ryuji, un marino solitario, a los brazos de Fusako, una joven y hermosa viuda. Ambos se enamoran, aunque saben que irremediablemente se separarán al cabo de pocos días, puesto que él debe volver al mar. El hijo de Fusako, Noburu, tiene trece años y al principio observa con fascinación a Ryuji, que para él representa lo contrario a la vulgar humanidad. Noburu tiene un grupo de amigos que ejercen una poderosa influencia sobre él. Entre ellos hablan como adultos y observan con mirada fría y nihilista el mundo a su alrededor, en especial los padres.
Cuando el invierno vuelve a reunir a la pareja de amantes, Ryuji se da cuenta de que ha llegado la hora de abandonar el mar. Nada hay en él que compense el hecho de estar lejos de Fusako. Pide a la viuda que se case con él, e intenta convertirse en un padre para Noburu. Pero sin darse cuenta, con esto ha destruido la imagen idealizada que el muchacho había construido de él.
Mishima sabe utilizar los diálogos y los silencios para crear en El marino que perdió la gracia del mar una atmósfera sofocante y tensa. Refleja, en sus trastornados personajes, la convulsión sufrida por la sociedad japonesa tras la traumática derrota que sufrieran en la Segunda Guerra Mundial.

Opinión personal: El marino que perdió la gracia del mar me resultó un libro extraño, fue generando diferentes sensaciones en mí a medida que avanzaba con la lectura. Por momentos, cierta compasión. Por momentos, asco y rechazo. Su desolador final me dejó con un nudo en la garganta. Pero sin lugar a dudas, no dejó de producirme admiración la capacidad de Mishima (y de su traductor, Jesús Zulaika Goicochea) de producir con la palabra sensaciones tan diversas a lo largo de tan pocas páginas.

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