La carretera de Cormac McCarthy

La carretera es una novela desoladora sobre el presente sin perspectivas futuras con la cual muchos lectores contemporáneos se sentirán identificados. Cormac McCarthy es un multipremiado autor norteamericano tanto de novelas como de obras teatrales. Por ésta su novela La carretera, publicada en 2006, recibió el prestigioso premio Pulitzer. El reconocido crítico literario Harold Bloom (autor de El canon occidental) lo nombró como uno de los cuatro más grandes novelistas americanos de su tiempo, junto con Don DeLillo, Thomas Pynchon y Philip Roth. Los premios pueden llevar a que algunos lectores se sientan atraídos a determinada obra, pero esto no determina que vaya a gustarles o no. Sin embargo, el éxito que La carretera ha tenido entre su público lector (así como también su adaptación en una exitosa versión fílmica), hace creer que no se trata de un éxito pasajero sino de un libro llamado a convertirse en clásico.
El argumento es sencillo y dramático: un padre y un hijo recorren una carretera abandonada rumbo al sur, buscando huir del frío que amenaza su supervivencia. Todas sus pertenencias caben en un carrito de supermercado. Son dos de los pocos sobrevivientes de una catástrofe global que ha extinguido la vida humana, animal y vegetal del planeta. Un mundo seco, mustio y amenazador se yergue a sus pies. Encontrar alimento para sobrevivir una jornada más se está tornando cada vez más difícil. Y, por si esto fuera poco, hay hordas de sobrevivientes que, a falta de recursos, se han volcado al canibalismo.
La carretera transcurre entre diálogos escuetos entre los anónimos personajes, la lucha del padre por proteger a su hijo a toda costa y su constante tensión entre hablarle u ocultarle sus memorias de un mundo que fue y que ya no existe, los recuerdos del pasado reciente, las huellas de la catástrofe desconocida y los interminables recursos del espíritu humano, que pese a lo peor se niega a doblegarse.

Opinión personal: La carretera es un libro en el cual no ocurre mucho y ocurre todo. A ver si me explico mejor: mientras que por un lado sentí, al leerlo, la angustia de ver pasar páginas y páginas sin que nada significativo ocurriera en el libro que pudiera cambiar el desolador panorama planteado, no pude soltarlo. Literalmente hablando. Me lo leí de una sentada.

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