La noche del oráculo de Paul Auster

Paul Auster, uno de los escritores norteamericanos contemporáneos más leídos en el mundo, es conocido por ciertos elementos que se reiteran a lo largo de sus tramas, haciéndolas distintivas y personales: principalmente, el azar y la contingencia, que llevan a que acontecimientos supuestamente fortuitos y menores desemboquen en otros más importantes, desencadenando una historia. Otros componentes que suelen repetirse en los libros de Auster son la enfermedad y la muerte, el perdón, la literatura y los juegos metaliterarios, los juegos de identidad –por ejemplo, personajes que llevan el nombre del autor, sus iniciales o, como en el caso de La noche del oráculo, un anagrama-, la descripción de artículos de papelería y de elementos vinculados con la creación literaria.
Todo ello se conjuga, en mayor o menor medida, en esta novela. La noche del oráculo es, por lo tanto, un libro representativo de la obra de Auster. Con presencia del azar, por supuesto, pero sin el peso que éste tiene en Leviatán, por ejemplo, el tema principal es la creación literaria.
El argumento de La noche del oráculo gira en torno de Sydney Orr, un escritor neoyorkino que, con algo más de treinta años, acaba de ser dado de alta en el hospital donde poco tiempo atrás se lo había desahuciado. Orr emprende una nueva vida, que comienza cuando en una misteriosa librería adquiere un cuaderno portugués de tapas azules, y en él comienza a escribir una historia. Como en un juego de cajas chinas, en la historia de Orr también hay un hombre que se ha salvado de la muerte, y un libro que llega a sus manos titulado La noche del oráculo.
A la vez, Sydney cuenta al lector sobre su matrimonio con Grace, una mujer de la cual desconoce gran parte de su pasado, y de la cual empieza a sospechar que oculta algún secreto. Otro personaje importante es el amigo de Sydney, el escritor John Trause (cuyo apellido es anagrama del de Auster), quien le sugiere el punto de partida para la novela que escribe. Las historias se intercalan a lo largo de las páginas, en un torbellino fascinante que no soltará al lector hasta el final.

Opinión personal: Auster en lo que mejor sabe hacer: entretener, homenajear a la literatura y hablar de sí mismo como escritor.

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