Las pequeñas memorias de José Saramago

El pasado 18 de junio, el mundo supo de la muerte de uno de los mayores escritores en lengua portuguesa que haya conocido: el gran José Saramago, autor de títulos como El año de la muerte de Ricardo Reis, Ensayo sobre la ceguera, El Evangelio según Jesucristo, Todos los nombres y muchos otros tantos. Ganador del Premio Nobel en 1998, Saramago supo ganarse simpatizantes y detractores por sus convicciones políticas, intelectuales y morales, que siempre sostuvo.
Las pequeñas memorias es uno de los últimos libros suyos publicados. En el año 2006, ya con 83 años de edad, el escritor se propuso revisar sus orígenes: “Las memorias pequeñas de cuando fui pequeño. Simplemente.” Con la fluidez habitual de su prosa, el vocabulario sencillo y la capacidad para plasmar escenas en imágenes, Saramago narra, a lo largo del libro, sus recuerdos de su Azinhaga natal, sus padres y sus abuelos, los amigos de la familia, sus primos, el hermano que murió en la infancia y al que casi no llegó a conocer, sus primeras experiencias en la escuela, el despertar de la sexualidad y mucho más.
Entremezclando anécdotas sin pretender un orden cronológico, sino dejándose llevar por los caprichos de la memoria, el libro nos remonta a sus lectores a un tiempo que quedó atrás, en el cual los olivares cubrían grandes espacios de las campiñas portuguesas y en los que muchas personas no sabían leer ni escribir, pero podían llevar las cuentas de un hogar (como lo hiciera la abuela del autor); cuando las tizas en la escuela apenas dejaban su marca en la pizarra y el tiempo parecía hecho de largas horas todas iguales…
Pero además de hablar de su infancia y de su familia, Saramago nos cuenta, entremezclados en las demás memorias, de la semilla del gran escritor que ya estaba presente en él: entre los recuerdos se cuelan ideal que aparecerían más tarde en sus mejores libros.
Como apéndice, Las pequeñas memorias incorpora una colección de fotografías del autor, de sus padres y de su familia, descritas por su puño y letra con mucha emoción.

Opinión personal: Las pequeñas memorias es un libro sin demasiadas aspiraciones de grandeza, pero que nos permite comprobar una vez más lo grande que era el desaparecido escritor portugués. Su costado más único, más humano, tal vez no necesariamente el que más conocen quienes por primera vez se asoman a su obra, pero que indudablemente se intuye al leerlas.


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