Lo mejor de la quincena

Esta quincena tuve muchísimos posts a los que me hubiera gustado recomendarles: efectivamente, fueron dos semanas de muchas (y muy buenas) producciones en los blogs que visito habitualmente. Pero para muestra basta un botón. He aquí los recomendados.

Los caminos de Lola Santiago: Manuel Pecellín nos habla de la recientemente fallecida Lola Santiago, poeta por sobre todo, pero que también incursionó en casi todos los géneros literarios. Su último libro, de reciente aparición, fue Rayas de cebra, recopilación de ensayos de temáticas diversas. Para quienes no la conocimos en vida, por suerte nunca es tarde para leer a quienes dejaron atrás un extenso legado en tinta y papel.

Thomas Hardy: El alcalde de Casterbridge Gabriela Zayas de Lille nos da una extensa pero amena crónica sobre este escritor, una de las figuras más destacadas del naturalismo inglés, al cual compara con Dickens, a la vez que se detiene a analizar las diferencias entre los dos autores. Después, se detiene en uno de sus libros, El alcalde de Casterbridge. Una excelente presentación que invita a quienes no lo hemos leído a descubrir a este escritor.

La importancia de retraducir: Un interesante post en el blog Ediciona, en el cual se analiza el por qué de las nuevas traducciones y la dificultad para transmitir las mismas ideas de una lengua a la otra. Ya sabemos que la traducción es todo un arte –a la vez que implica una necesaria “tración” al original-. Pero no está de más recordarlo de tanto en tanto.

La balada de Cora y Frank: Desde Envuelto en Libros, un blog que otras veces ha aparecido en esta sección, Miki nos hace la reseña de la novela negra El cartero llama dos veces, de James M. Cain. Si bien necesariamente anticipa detalles del argumento, es poco probable que a esta altura, después de cuatro adaptaciones al cine, haya muchos lectores que no conozcan la historia. Un clásico sobre las oportunidades y la manera en la que, inevitablemente, las dejamos pasar.

Literatura infantil: contar con Argentina Desde el blog amigo Mi librería, un post enternecedor que me llenó de nostalgia. En efecto, es un precioso reconocimiento a dos de las autoras a través de las cuales aprendí a amar los libros… aún antes de saber leer. Una servidora, profesora de Letras y lectora voraz, supo ser hace un par de décadas una niñita argentina. Recuerdo cuando mi mamá me leía los cuentos de María Elena Walsh, y cómo disfruté leyendo solita, en primer grado de la primaria, “Monigote en la arena”.

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