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Lo mejor de la quincena

Lo mejor de la quincena

Les digo la verdad… esperaba escribir este Lo mejor de la quincena todo con posts sobre el amor y San Valentín… pero en el camino, hubo dos cosas que llamaron demasiado mi atención y que no podía dejar de incluir. Una, el recuerdo de la recientemente fallecida María Elena Walsh. Y otra, la desopilante historia de un taxista, ideal para moderar un poco tanto derroche de amor.

Mil noches para escuchar: Para comenzar este conteo, ¿qué mejor que este tierno homenaje a una de las historias de amor más bellas de todos los tiempos? Es cierto que incluye decapitación de doncellas, un esposo engañado, mentiras y misterio, pero Las Mil y Una Noches contiene encerradas, como en una caja de cristal, una gran cantidad de hermosas historias de enamorados, de desencuentros y de noches de pasión en el Oriente.

“La gramática del amor”, la juventud y el romance siempre van de la mano: Una novela dedicada a las lectoras más jóvenes. Gracias a la reseña de Papel en blanco, parece ser un libro que, a la vez que contagia clamor por el amor mismo, introduce a las lectoras la semilla del amor por la literatura. Me parece una propuesta por lo más interesante, y por la estructura me hace pensar en un libro como El mundo de Sofía de Jostein Gaarder.

Murió María Elena Walsh: Ya pertenece a la quincena anterior, pero no quiero dejar de dedicarle al menos unas líneas a la que fue mi escritora, poeta y música favorita de la infancia. Varias generaciones de argentinos nos hemos criado escuchando sus inolvidables cuentos o recitando sus mágicas poesías. La magia de María Elena Walsh seguirá viva, y sus composiciones están llamadas a convertirse en un clásico para la generación de mis hijos y las que vendrán.

Vocación frustrada: Y para cortar con tanta dulzura, nada mejor que el divertidísimo relato con el que nos obsequia este bloguero taxista en Ni libre ni ocupado. ¿Quién no ha jugado alguna vez a inventarse otra vida? ¿Cuántos detalles seríamos capaces de inventar si nos dejamos llevar por la imaginación? Si nuestra inventiva, para colmo, nos reporta una jugosa propina, ¡tanto mejor!

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