Los adioses de Juan Carlos Onetti

Título: Los adioses
Autor: Juan Carlos Onetti
País: Uruguay
Año de publicación: 1953
Idioma original: Español
Título original: Los adioses
Páginas: 127
Web: Página muy completa sobre el autor.

Comentario: Juan Carlos Onetti fue un destacado periodista y escritor uruguayo, quien –bajo la reconocida influencia de William Faulkner- creó el imaginario poblado de Santa María, donde sucede la acción de muchas de sus obras. No es el caso, sin embargo, de Los Adioses. En este libro, la acción transcurre en un tranquilo pueblo (cuyo nombre no se especifica, pero se intuye que es Cosquín, donde tantos enfermos de tuberculosis iban a tratarse).
Los adioses es la historia de un hombre taciturno, hosco, que llega al pueblo para tratar su enfermedad, y periódicamente recibe correspondencia de dos mujeres diferentes. El hombre no cuenta su historia, casi no habla, no participa de los rituales de convivencia de los otros internos. Pero este hombre ignora que tiene un biógrafo secreto: el almacenero, propietario de una tienda del pueblo en donde el hombre va a recoger las cartas. El almacenero observa los encuentros y las despedidas del hombre con cada una de las mujeres, imagina la relación que mantiene con cada una de ellas, y a partir de sus conjeturas el relato va tomando cuerpo. La utilización de las palabras es tan cuidadosa que el lector termina por olvidar que se trata de simples especulaciones, y queda sujeto al engaño del almacenero, siempre y cuando no preste atención a los indicios (suficientes) de que no debemos creer en todo lo que se nos cuenta.
Onetti escribe desde la ambigüedad, va haciendo cómplice y protagonista al lector, quien es testigo de las interpretaciones equívocas del narrador. La verdad de la historia se revela a la larga, tan sólo en parte, y al lector le toca reconstruir lo que resta.

Opinión personal: Una novelita muy bien lograda, sencilla y compleja a la vez, que mantendrá al lector atrapado desde la primera hasta la última línea. Es recomendable hacer por lo menos una segunda lectura, para desentramar los juegos del narrador en toda su complejidad.


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