Los autonautas de la cosmopista de Carol Dunlop y Julio Cortázar

He aquí un libro muy curioso: escrito como una guía de turismo, la última aventura que Julio Cortázar y su mujer, la fotógrafa canadiense Carol Dunlop, llevaron a cabo. Entre mayo y junio de 1982, la pareja llevó a cabo la insólita empresa de recorrer, a bordo de su camión Fafner, la autopista que conecta las ciudades de París y de Marsella, con una consigna: no abandonar jamás la autopista antes de haberse detenido en todos y cada uno de los paradores que ésta tiene distribuidos a lo largo de sus 800 kilómetros. A un ritmo de dos paradores por día, el recorrido dura más de un mes.
A lo largo de Los autonautas de la cosmopista, escrito visiblemente a dos manos e ilustrado por las fotografías de Carol y los dibujos de cada parador que, más tarde, hiciera su hijo de catorce años, Cortázar y Dunlop despliegan su asombro ante el micromundo que cada rincón de la autopista representa para ellos. Asistimos como lectores a los detalles tales como su aprovisionamiento de comida, los paisajes, los cantos de los pájaros que escuchan, los camiones que se detienen en los paradores y que por momentos les hacen compañía y por momentos los molestan. Todo narrado con un gran sentido del humor y un “espíritu científico” que impone respeto.
Los autonautas de la cosmopista es también una historia de amor profunda y conmovedora, entre dos personas que se entendían gracias a las palabras pero también más allá del lenguaje escrito, y que toman por sorpresa al lector con una prosa de intensa ternura. A su vez, el libro es una despedida: Carol Dunlop murió antes de poder ordenarlo y publicarlo, y Cortázar, quien también moriría un tiempo después, tuvo que terminarlo solo. Los derechos de la venta del libro fueron cedidos al pueblo de Nicaragua.
En 2007, se estrenó en Argentina un documental, París Marsella, donde su realizador, Sebastián Martínez, y su mujer, se propusieron realizar el mismo recorrido que Cortázar homenajeando al gran escritor.

Opinión personal: Lectora como soy de Cortázar, disfruté encontrando en este libro su veta más tierna. Por lo demás, Los autonautas de la cosmopista es una lectura liviana y entretenida.

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