Ningún lugar sagrado de Rodrigo Rey Rosa

La ciudad de Nueva York vista desde los ojos de un inmigrante guatemalteco. En Ningún lugar sagrado, Rodrigo Rey Rosa despliega su pluma de una manera eficaz, ofreciéndonos instantáneas, ya reales, ya inverosímiles, de la Gran Manzana. El libro está compuesto por un puñado de relatos, algunos muy breves y otros más extensos, pero todos con cierta sordidez que los unifica. Pero también se infiltra por los relatos la problemática de la Guatemala natal del autor.
Los relatos que forman Ningún lugar sagrado fueron escritos entre 1997 y 1998, excepto el que le da el título al volumen. En éste, el lector obtiene un atisbo de la violenta historia de Guatemala a raíz de las pláticas de un inmigrante con su psicóloga. De acuerdo con el autor, “es un ejercicio de escritura semiautomática donde se combinan circunstancias imaginarias y elementos más o menos conformes a la historia reciente de Guatemala, sin censura alguna y con absoluta irresponsabilidad”.
Otros de los relatos incluidos en el libro son “Poco-loco”, una verdadera crónica de una muerte anunciada que no deja, sin embargo, de sorprender con su final; “La niña que no tuve”, la contemplación de un padre de la agonía y la muerte inminente de su hija de ocho años; “Negocio para el milenio”, un relato epistolar que recuerda a Orwell y a Michel Foucault.
Rodrigo Rey Rosa vuelca en sus cuentos parte de las impresiones y las experiencias vividas cuando él mismo residió en Nueva York a finales de los 90, luego de terminar los estudios en su país, al cual dejó atrás debido al ambiente “de violencia y crispación” que existía. Una vez en los Estados Unidos, se matriculó en una escuela de cine, pero no llegó a terminar sus estudios. Más adelante, se mudaría a Tánger. Además de escritor, Rodrigo Rey Rosa se ha dedicado a la traducción al español de obras literarias, entre otras, las de este escritor y compositor norteamericano. Algunos títulos del escritor guatemalteco han sido además traducidos a otras lenguas, como el francés y el alemán.

Opinión personal: Ningún lugar sagrado es un libro que se lee vertiginosamente. Ya sea por la brevedad de los relatos o bien por la lograda unidad del volumen, es una colección de cuentos para leerse de una sentada. Y quedarse sin aliento.

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