Pigmalión de George Bernard Shaw

Para la mitología griega, Pigmalión fue un escultor que se enamoraba de Galatea, la estatua a la que él mismo había dado forma. De ahí tomó el nombre el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw para la que sería su obra de teatro más conocida. Estrenada hace casi cien años, hoy Pigmalión sigue resultando conocida por su adaptación a Hollywood y el posterior musical de Broadway titulado My Fair Lady (Mi Bella Dama).
Lo que hoy en día queda en el imaginario como una comedia romántica en la cual un profesor de fonética se enamora de su discípula, en realidad es, en la versión original, una aguda sátira contra la división de clases inglesa. En el Londres de principios de siglo que Shaw nos muestra, como tal vez en ninguna otra parte del mundo, el acento de una persona marca hasta tal grado su pertenencia a determinada clase sociocultural, que sería prácticamente imposible confundirse.
El punto de partida de Pigmalión es la apuesta que efectúa el profesor de fonética Henry Higgins con su amigo, el Coronel Pickering, de que el primero es capaz de enseñar tan bien la pronunciación del inglés culto que incluso podría hacer pasar por noble a una humilde florista. Eliza Doolitle, la joven en cuestión, muestra deseos de aprender y de superarse, y por eso acude a la casa de Higgins para que éste la refine.
A la vez que Higgins le transmite sus conocimientos de fonética, Eliza también aprende a comportarse en los círculos sociales de la clase alta londinense. Sin embargo, el resultado no termina siendo del todo satisfactorio, porque la joven sufre al ver que ha perdido su lugar de pertenencia sin por ello haberle sido garantizado un medio de sustento para vivir como la clase alta –y sus nuevos hábitos- lo requieren. Reprocha a Higgins su abandono, y él no logra admitir que no puede vivir sin ella.
La versión en el cine, así como el musical, modifican el final trágico, proponiendo un desenlace en el cual los protagonistas terminan juntos, más allá de que esto sea en todo opuesto a las intenciones originales del autor.

Opinión personal: Una obra sumamente interesante, y hasta actual (más allá de que tiene casi un siglo). Por supuesto, leer la versión inglesa es esencial si se quiere disfrutar a pleno de esta obra. Existen, sin embargo, muchas ediciones en español, ideales para cotejarlas con la famosa película protagonizada por la gran Audrey Hepburn.

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