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Novedades de libros 2011

Sábado por la noche y domingo por la mañana de Alan Sillitoe

Sábado por la noche y domingo por la mañana fue la novela que lanzó a la fama a Alan Sillitoe. Se la considera un verdadero ícono de la literatura obrera inglesa y piedra de toque del movimiento de los Jóvenes Airados británicos, generación de la que Sillitoe formó parte muy a su pesar.
El protagonista de Sábado por la noche y domingo por la mañana es Arthur Seaton, un muchacho de veintidós años, poco amante de los compromisos y que trabaja en una fábrica de bicicletas, en el oscuro Nottingham de los primeros años de la posguerra. Pero Arthur vive esperando que llegue el fin de semana. Todos los sábados por la noche bebe hasta caerse redondo en el pub, no pierde oportunidad de involucrarse en cuanta pelea a puño limpio se le presente, y trata de llevarse a la cama a las esposas de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, pronto descubrirá que lo que cree que le hace libre es lo que en realidad forma su cárcel, y que su existencia de rebelde tiene un lado oscuro cuyo rigor le es difícil imaginar.
Alan Sillitoe formó parte del ejército y tras su licencia vivió en Francia y en España, donde entró en contacto con otros autores. Trabajó como periodista y comenzó a escribir desencantado sobre la situación inglesa. Su obra más famosa es La soledad del corredor de fondo (1959) que fue adaptada al cine en 1962. Murió en Londres, el 25 de abril de 2010.
Dijo de este libro el diario británico The Guardian: “La historia de Arthur Seaton, el joven alborotador que protagoniza el relato de Sillitoe, era fruto de la época cuando se publicó por primera vez. Ahora ha devenido atemporal”.

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Artículos Varios

La literatura social

En algunas épocas, como por ejemplo en el modernismo latinoamericano de Rubén Darío, o en géneros tales como el cuento maravilloso, la literatura se percibió como algo separado de otras esferas del quehacer humano. La literatura, entonces, se postulaba como una torre de marfil en la cual el genio poético escapaba de los conflictos mundanos y se refugiaba en su fantasía y en su ser interior.
A la vez, por oposición a este tipo de movimientos surgieron otros que reivindicaron para la literatura un lugar de denuncia de los males de la sociedad, una voz que permitiera expresarse a los más desamparados y una forma de cambiar el mundo. Literatura social es el concepto que engloba esta manera de pensar a la literatura como acción: para ciertos autores, la pluma y la espada deben luchar juntas si es que es posible cambiar nuestras condiciones de existencia, impuestas por unos pocos para favorecerse únicamente a ellos mismos, y tan injustas con las mayorías oprimidas.

Cambiar el mundo

Si bien existen distintas corrientes literarias y críticas que pueden abarcarse dentro del término “literatura social”, todas ellas coinciden en señalar a la literatura como algo realista, representativo de las condiciones materiales de existencia y a la vez, la literatura debe ser crítica: no basta con retratar el mundo tal cual es, sino que es necesario procurar cambiarlo para el bien de todos.
Ligada a la noción de literatura social aparece la figura del escritor comprometido. Se trata de alguien que no quiere solamente transmitir placer estético con su escritura, sino que considera que las letras son el lugar desde el cual puede –y debe- cambiar el mundo. Hay un compromiso moral que ata al escritor comprometido a una causa que persigue, en muchos casos llevándolo al exilio, la prisión o incluso la muerte.
A menudo la literatura social aparece ligada a movimientos políticos: por ejemplo, el realismo socialista se vincula con el auge del socialismo en la URSS; la poesía social española aparece como una reacción contra el franquismo; los escritores comprometidos suelen abrazar abiertamente una ideología o un partido político, muchas veces incluso dando su vida por la causa.

Realismo socialista

El realismo socialista es una corriente estética que se propuso llevar los ideales del comunismo al terreno del arte. En la Unión Soviética y en otros países que abrazaron al régimen socialista, se veía al artista (no importa su soporte) como alguien directamente al servicio del estado. Fue la tendencia artística que predominó durante buena parte de la historia de la URSS, particularmente durante el gobierno de Stalin, en la República Popular China y, en general, en la mayoría de países socialistas. El Partido Comunista soviético rechazó estilos modernos tales como el impresionismo, el surrealismo, el dadaísmo y el cubismo, en parte debido a los principios subjetivistas que subyacían a ellos (ya que el subjetivismo chocaba frontalmente con la aspiración objetiva del materialismo dialéctico) y en parte debido a los temas que trataban (el realismo socialista sólo consideraba relevantes los temas relacionados con la política y los trabajadores). Por ello, el socialismo consideró a dichos estilos como manifestaciones del arte burgués. El realismo socialista fue, en cierto modo, la reacción contra los estilos burgueses anteriores a la revolución, y se convirtió en la política oficial del Estado en 1932 al promulgar Stalin el decreto de reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas.

Crítica sociológica

La Crítica sociológica es una crítica dirigida a comprender (o a situar) la literatura en un contexto social amplio. A través del método sociológico, codifica las estrategias literarias que son empleadas para representar las construcciones sociales. Los críticos de esta escuela analizan tanto las funciones sociales en la literatura como también la manera en que ésta interactúa con la sociedad. Esta forma de crítica literaria fue introducida por Kennerth Burke, un crítico y teórico de la literatura cuyo artículo «Literature As Equipment for Living» delinea las especificidades y significación de dicha crítica.

Poesía social

En España, Poesía social es el nombre de un movimiento poético surgido en los años 50 y 60 que se caracterizó por la reivindicación de la libertad y por denunciar las condiciones políticas de su época. Los integrantes de este movimiento (principalmente Gabriel Celaya y Blas de Otero) vieron a la poesía como un instrumento para tratar de cambiar el mundo, denunciar la realidad a su alrededor y concienciar a sus lectores de la injusticia social. Como otras formas de literatura social, la poesía social se propuso defender a los más débiles y a los desamparados.