Un lugar llamado Nada de Amy Tan

Amy Tan tal vez sea conocida como la autora de El club de la buena estrella, que fue llevada al cine con bastante éxito. Menos personas han leído su novela Un lugar llamado Nada, su sexto y más reciente trabajo. Hija norteamericana de padres chinos, Tan se dedica a explorar en sus obras la relación de madres e hijas así como el hecho de formar parte de una primera generación asiático-americana nacida en los Estados Unidos.
Un lugar llamado Nada (cuyo título original en inglés podría traducirse como “Salvar a los peces de ahogarse”) tiene como punto de partida la noticia de que un grupo de doce turistas norteamericanos, embarcados en un viaje turístico a Myanmar (actual nombre del país conocido como Birmania) ha desaparecido misteriosamente.
La historia comienza cuando Bibi Chen, anticuaria china que iba a ser la guía de los turistas, aparece muerta misteriosamente, y su espíritu comienza con las tribulaciones. Sigue a sus amigos a su viaje y los observa meter la pata en grande, cometiendo los típicos errores de quienes no están acostumbrados a dejar su cultura atrás.
Un día, su guía los lleva a hacer un paseo, para ver el amanecer en medio del lago, y no vuelve a saberse de ellos. Uno del grupo ha sido dejado accidentalmente atrás y movilizará a los medios de comunicación para dar con sus compañeros. Deberá enfrentarse a la censura y la represión que imperan en el país. Los demás, sin embargo, no han sido muertos por haber cometido algún delito no intencional, sino que se encuentran viviendo la aventura de sus vidas, al haber sido confundidos como los acompañantes de la reencarnación del líder de una tribu.

Opinión personal: Un lugar llamado Nada me pareció una novela muy recomendable en varios aspectos. Primero, por el punto de partida del relato en forma de cajas chinas (la autora, en medio de una tormenta, se mete en un museo donde encuentra papeles escritos por una médium, a la cual visita y le pide que le cuente de sus experiencias con el espíritu de Bibi Chen, la anticuaria muerta que funciona como narradora omnisciente del libro). Segundo, porque las descripciones de Birmania son dignas de leerse, casi como si de un libro de viajes se tratara. Tercero, porque pese a su extensión es sumamente entretenido.

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