Vibrador de Mari Akasaka

Es, sin lugar a dudas, un título muy sugestivo. Sin embargo, no se trata de un libro pornográfico. Hay escenas de sexo, cierto, pero no más subidas de tono de lo que podría uno imaginarse. Es más: el “vibrador” del título termina siendo el teléfono móvil de la protagonista.
Vibrador cuenta una de esas historias donde al mismo tiempo no ocurre nada y ocurre todo. Son dos o tres días en la vida de Rei, una joven periodista que, quién sabe por qué, no encuentra un rumbo en su vida. Ella representa a la “generación perdida” japonesa, la juventud de la época del sinsentido, la globalización y el consumismo a la cabeza. Ella es alcohólica y bulímica, y se pasea sin rumbo por un shopping. Hasta que conoce a Okabe Takatoshi, un joven y atractivo camionero con el que entabla una relación casual.
A bordo del camión, recorren las nevadas rutas del Japón mientras el joven reparte su carga. Poco a poco se va abriendo a Rei y le cuenta de su vida: su pasado como yakuza, sus técnicas para transportar droga dentro de pescados congelados, su matrimonio.
La radio parece ser, por momentos, el único contacto con el mundo exterior. La soledad y el silencio de la cabina del camión sólo pueden paragonarse con el vacío existencial que cubre a Rei. Ni el sexo, ni la comida, ni el alcohol alcanzan para tapar ese hueco.
La autora, Mari Akasaka, nació en Suginami, Tokio, y estudió Política en el Departamento de Leyes de la Universidad Keio. En 1999, esta novela suya fue nominada para el prestigioso Premio Akutagawa. Akasaka recibió una segunda nominación para dicho premio en el 2000 por su novela, Musa, y ganó el Premio Norma por la misma novela. Vibrador fue adaptada al cine en 2003 con las actuaciones de Shinobu Terajima y Nao Omori.

Opinión personal: Vibrador me resultó una novela bastante insulsa. No sé si será culpa de la traducción, de mis desconocimientos sobre la juventud japonesa actual (si bien puedo decir que tengo algunos conocimientos sobre literatura japonesa del siglo XX y, en general, me fascina). No me pareció sensual ni provocadora, solamente me transmitió hastío. Si ése era el propósito de Akasaka al escribir la novela, bien por ella. Lo que es por mí, prefiero dedicarme a leer otras cosas…

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